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Carta a un buscador de sí mismo


No hay forma de introducir lo siguiente, creo que esto (sea lo que sea) tiene un peso lo suficientemente aprobado para que sea mejor soltarlo… sí, debe ser así, ruidoso y alarmante, como un trueno a mediodía o como un rugido producido por las olas a la mitad de un sueño, incluso como una roca atravesando un cristal infinito. En fin, el único deseo verdaderamente valioso que tengo para ti es el siguiente: espero que te pierdas, pero espero que te pierdas de verdad, que donde sea que estes no puedas leer el compas que llevas en tus manos y así comiences a hacerle caso a la brújula que llevas dentro, que así aprendas a escuchar ese relámpago que te ilumina en el interior y comprendas porqué tu ojo se postró en ese cachito de espacio en ese preciso punto en la línea del tiempo. Espero que de verdad te pierdas y comiences a hacer las paces con ese sentimiento de perdición, de falta, vacío o ausencia, que aprendas a identificar cada uno de ellos y puedas nombrarlos por lo que son, que puedas diferenciar uno de otro, eso solo se logra con constancia, con estar constantemente perdido, como si estuvieras inmerso en un jarrón de cristal en el que puedes mirar hacia el exterior pero en el interior los compañeros que te acompañan llevan por nombre estos sentimientos.


La pérdida supone dejar deliberada o condicionalmente una cosa, pero para eso primero habría que poseer la cosa, dominarla. Y en ese caso, dime, verdaderamente ¿cuántas cosas posees?, ¿Cuántas dominas?, ¿cuántas de esas prefieres? O ¿Cuantas ya has perdido? Que curioso fíjate, da la casualidad que uno no se da cuenta de lo que tiene hasta que se muda (espacial o sentimentalmente) o hasta que lo pierde. Pareciera que hay cosas que están hechas para perderse; perdemos objetos que ya olvidamos, perdemos amores que ya nos son indiferentes, perdemos besos, perdemos palabras, memorias, abrazos, llaves, libros, prendas, incluso llegamos a perder tiempo, se nos esfuma de las manos, se nos escapa entre los dedos, ¿se irá a la luna todo aquello que se pierde? No estoy seguro, pero si de algo tengo claridad es que así, y solo así, perdiendo, nos damos cuenta de lo que ya no tenemos, y al dar cuenta de lo que ya no tenemos es el primer paso para darnos cuenta de lo que efectivamente tenemos ¿quién lo diría, no? Que el camino para saber lo que tenemos es, justamente, a través del valle que resguardo todo lo que ya perdimos, es decir, aquello que ya no poseemos. Así pues, uno llega a conocerse a sí mismo a través de lo que no es; es un camino en reversa, una ley en retroceso, una especie de jugarreta o mal chiste del mismo universo, de los dioses explotando de envidia contra los mortales por nuestra condición finita que es aquella que hace que cada momento sea único e irrepetible, somos pues, más de lo que no somos que de lo que somos; déjame repetirlo de forma distinta… Eres más de lo que no eres que de lo que sí eres. Parece trabalenguas, pero ¿no es así la vida? Un trabalenguas constante donde pronuncias efectivamente una frase y al pasar a la siguiente pareciera que es tan igual que se hace pasar por la misma hasta que te das cuenta que efectivamente hay una ligera variación en un par de letras, te tropiezas al leerla, te confundes y al repasarla notas el error, notas la diferencia, recapitulas y esta vez logras pronunciarla correctamente, te das cuenta que a vista rápida son similares pero que eso no las hace iguales; así son los capítulos de la vida, como trabalenguas. Basta con intentar recordar un par de decisiones que no tomaste y automáticamente quedaran aquellas que sí tomaste, aquellas que terminaron definiendo lo que hoy eres, parece magia pero no, es simple principio de exclusión, por eso siempre seremos más de aquello que no elegimos, por eso mismo deseo que elijas perderte, porque perderse es el primer paso para habilitarse a un encuentro consigo mismo. Si vas por ahí buscando una luz en especifico te perderás de los brillos en los cristales que te rodean. Al final, ¿no es estar perdido la condición primaria de un explorador? Y quién mejor que tu mismo para echarse un clavado en el profundo océano interno que te habita, quien mejor para explorarlo, así sin visores y sin brújulas, sin direcciones y sin mapas, ya trazaras el tuyo propio con base en ese nuevo territorio interno recién explorado, por eso deseo que elijas perderte, para que te encuentres, convierte este jarrón de sentimientos llenos de perdición y otros acompañantes en un amigo, carga ese jarrón con entusiasmo, acostúmbrate, incorpóralo, es decir vuélvelo parte de tu cuerpo, así nacerá el placer interno de encontrarse. Date el gusto de jugar a las escondidas contigo mismo por el simple placer de encontrarte en un escondite nuevo y después piérdete de nuevo, escóndete mejor, no detengas esa constante búsqueda porque al final… al final llegará el momento donde físicamente ya no puedas jugar al escondite, a todos nos llega esa hora, la hora donde la parálisis se vuelve presente, y no esta mal, es bien sabido que hasta el agua en quietud se estanca y nace la lama, se vuelve planta; en algún punto a todos nos llega la hora de echar raíz y que emane del agua interna la tierra para que así otros puedan caminar sobre ella y dar paso en su propia exploración. Todos, desde que nacemos, cargamos este punto marcado en el trabalenguas de la vida.


Se que debe ser aterrador explorar un terreno nuevo, externo e interno, pero te escribo esto con la intención de que, siempre que lo necesites, vuelvas a esa llama interna que en un principio te encendió lo suficiente para dar ese primer paso a la exploración, sujétate a ella, déjate perder en ella, allí encontraras todo lo que no buscabas pero internamente necesitabas.


Ya por último. Se bueno, la vida es como es y no como debería ser, todos vamos improvisando. No mueras. Y se paciente, las mejores cosas llegan a aquellas personas que saben esperar. La eternidad nos pregunta sólo una cosa: sí hemos vivido en desesperación o no. Si has vivido en desesperación, no importa todo lo que hayas ganado, porque para ti, todo estará perdido…


Suerte explorador, espero vivir lo suficiente para que llegue el día donde me muestres tu mapa.



D

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